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David extraña a sus dos hijos, hace tiempo
que no los ve y no entiende por qué no puede estar con ellos cuando toda su vida
gira en torno a sus pequeños vástagos, Miguel y Micaela. Algo sucedió en algún
momento y a partir de ese momento se rompió la poca tranquilidad que había en su
vida.
La historia de David es similar a la de tantos padres falsamente denunciados
por maltratar a sus hijos (1), sólo que en su caso no cuenta con los recursos
que le permitan tener una buena defensa en la justicia. Él es un vendedor
ambulante que camina no menos de 200 cuadras cada día para redondear el dinero
que necesita para subsistir. No importa si es verano o invierno, David debe
caminar para vivir.
Y en medio de esa agotadora vida, le ha tocado ser parte de una pesadilla
interminable.
El hombre señalado
David Harari es muy creyente, profesa la religión judía y —me consta—
respeta cada uno de los preceptos que le impone su culto. El día para él
comienza muy temprano, ya que todas las mañana va al templo a rezar a su
necesario dios. De ahí parte a su caminata diaria, vendiendo lo que pueda. La
última vez que lo vi, ofrecía cortésmente 10 cajitas de fósforo de madera a 5
pesos, un precio bastante razonable. Nos encontramos en un bar de la zona de
Once, donde llegó puntualmente y con la mirada esperanzada en que yo pudiera
ayudarlo. En ese mismo momento supe que me sería imposible lograr que me
tuteara. David cree que el respeto —palabra a la que hace gala— tiene mucho que
ver con el tratar al prójimo de "usted".
"Lo único que quiero es ver a mis hijos, los extraño mucho", me dijo,
repitiendo las mismas palabras que había pronunciado todas las veces anteriores
que nos encontramos. Sus ojos no mienten, el dolor es tan palpable como los
fósforos que carga consigo. Su ruego, fue el comienzo de este artículo.
Luego de ese encuentro supe que David había sido una persona común y
corriente hasta hace unos meses. Vivía humildemente con su mujer, sus hijos y su
suegra en un departamento de la calle Pueyrredón 659, en la zona de Once de esta
Capital Federal. Todo iba normalmente hasta que una serie de acontecimientos se
conjugaron para que sus hijos —junto a su esposa— fueran separados de su lado.
Se pusieron de acuerdo para que esto sucediera, su suegra, Sofía Chayo;
dos profesionales de la salud llamadas Emilia Triador y Silvana González y una
polémica jueza llamada Ana María Pérez Catón (2), titular del juzgado Civil Nº
81 de la Ciudad de Buenos Aires.
Todo comenzó con la denuncia —acompañada por gente de la secta Jabad
Lubavitch— de la suegra de David, quien aseguró a la justicia que este golpeaba
a su esposa e hijos. Sin prueba en contrario, y debido a la humilde posición de
Harari, sus chicos fueron alojados en el instituto Garrigós, dependiente del
Consejo Nacional de la Niñez, Adolescencia y Familia (CONNAF), el cual a su
vez depende del Gobierno de la ciudad de Buenos Aires. Acto seguido, su mujer
fue a parar a un refugio para mujeres golpeadas perteneciente al Instituto
Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI). Fue el
comienzo del calvario de David, un calvario que parece no querer terminar.
Desde junio de 2006, cuando comenzó este tema, el humilde vendedor ha
presentado media docena de recursos a la justicia para demostrar que es
inocente. Al mismo tiempo, se prestó voluntariamente a que le hicieran dos
peritajes psicológicos en la justicia. Ambos han dado como resultado que es una
persona totalmente normal y tranquila. Uno de ellos, inclusive, aconseja que
David sea revinculado con sus hijos.
Pero a pesar de todo esto, nada ha logrado aún este caminante. Nadie le da
bolilla a sus quejas a pesar de la contundencia de sus reclamos, todos
documentados y sellados.
Camino sin salida
David Harari posee una característica que suele identificarlo desde lejos:
carga con una montaña de papeles junto a él. Son papeles que muestran cada uno
de los pasos que da en la justicia en busca de sus hijos y suele mostrarlos a
quien quiera verlos, ya que documentan parte del calvario que le toca vivir en
estos días.
Allí pueden verse las mentiras de su suegra, el desinterés de la jueza Pérez
Catón y los oscuras maniobras de las licenciadas Triador y González. A esto se
suma el encubrimiento del INADI y el CONNAF, y la fuerte presión de la
mencionada secta Jabad Lubavitch (3).
Este periodista intentó hablar con la jueza de la causa, con gente del INADI
y con la suegra de David —quien efectuó la denuncia contra él—, con relativo
éxito. La jueza no quiso hablar, el INADI nunca respondió y Sofía Chayo —la
suegra— sólo atinó a injuriar a su yerno sin responder las cuestiones
principales planteadas por quien escribe estas líneas. A continuación parte del
diálogo mantenido entre ambos:
-"Él es un hombre violento, le pegaba a mi hija. Por eso tuve que sacarlo de
mi casa. Es un asesino".
-"¿Ud. puede demostrar eso que dice? Yo vi dos peritajes que demuestran que
David es una persona no violenta".
-"No, no puedo demostrarlo... pero yo no quiero que esté con mi hija".
-"Pero su hija tampoco está con Ud. Tengo entendido que está en un refugio".
-"Si... eh.... es verdad, ni siquiera yo sé adonde está".
-"Entonces no cierra lo que Ud. dice ¿Ve a sus nietos?".
-"No... digo sí, los veo cada tanto. Ellos están muy bien".
-"¿No cree conveniente que los chicos estén con su papá y su mamá y no en un
instituto".
-"No sé... no tengo intenciones de seguir hablando con Ud."
A medida que avanzaba la conversación, el nerviosismo evidenciado por la
mujer se hizo cada vez más elocuente. Todo pedido de evidencias para justificar
sus palabras, fue respondido con evasivas.
David respalda cada una de sus palabras con documentos, lo mismo deberían
hacer quienes lo acusan.
Agonía sin fin
David no entiende lo que le sucede, desconoce las leyes y no conoce de
procedimientos judiciales. Con esa inocencia a cuestas se dirigió un día al
Instituto Garrigós para ver a sus hijos alojados allí. Lejos de permitir que
esto suceda, los funcionarios del lugar lo denunciaron por supuestas amenazas
que semanas más tarde se demostraron falsas. Como es imaginable, David lleva a
cuestas el papel del juzgado que documenta esa nueva falsa denuncia por parte de
funcionarios del Estado.
Nada alcanza para que termine su agonía, los días pasan y él sigue
preguntándose cuánto más falta para poder ver a sus hijos, como si fuera
simplemente una cuestión de tiempo. Como si el paso de los días fueran
suficientes para purgar una pena formal que nadie le ha impuesto.
David no sabe que hay muchos otros padres que viven situaciones similares y
aún peores que la que le toca en suerte. Algunos de esos padres llevan muchos
años sin ver a sus vástagos. ¿Cómo decírselo? Su mirada esperanzada quiebra
cualquier intento por revelar la verdad más cruda.
Cada vez que nos vemos me dice algo que me conmueve: "A un asesino le
llevan a sus hijos a la cárcel para que los vea. Yo tengo todos estos informes
que demuestran que soy una persona honesta y normal y no puedo ver a mis chicos
¿Cómo es posible?".
Las palabras de David son imposibles de refutar, difíciles de responder.
Complicadas, tanto o más que el injusto sistema judicial argentino que rige este
tipo de casos ...
Christian Sanz
(1) Este periódico ha mostrado media docena de casos a través de sus virtuales páginas. Ver http://www.periodicotribuna.com.ar/articulo.asp?articulo=1440
(2) La Dra. Pérez Catón ha sido denunciada ante el Consejo de la Magistratura por su comportamiento en diversas causas judiciales.
(3) Increíblemente, todas las acciones de Jabad Lubavitch estuvieron encaminadas a quedarse por la fuerza con los hijos de David.
Comentarios: RSS de este artículo
leonardo
16 de Junio de 2010
pase por lo msimo ke este señor,con esta misma jueza,me sobreseyeron en las falasas denuncias ke mi ex y su madre hicieron en contra mia,pero asi y todo,esta jueza,no me permite tener un regimen amplio para ver a mi hija,la asistente social de nombre Francelina Represas Boerte,cuando le pregunte porke no podia ver mas tiempo a mi hija,si estaba probado que no le hice nada,me conetsto,"ya sabemos ke no le hizo nada,pero si le hace mas adelante,como quedariamos la jueza y yo??" gente como esta,administra justicia,¿ADMINISTRA JUSTICIA?????
Daniel
30 de Julio de 2010
Hola , Pasé por lo mismo que David... parece una constante ya....
Gracias a esto y a esta jueza , no veo a mi hijo desde hace 6 años...
Triste ... ya que construyo mi vida con este vacío...
En fin...