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Desde que el kirchnerismo llegó al poder, en mayo de 2003, Tribuna de periodistas ha sido el medio periodístico más perseguido a través de sus más altos funcionarios. Desde amenazas, cartas documento, denuncias penales —este periodista es hoy el más querellado de la Argentina—, hackeos a la página del periódico (1), y el hostigamiento más insólito que se ha conocido en la historia del periodismo vernáculo, nada ha dejado por hacer el oficialismo de turno para aleccionar a quienes trabajan en este medio (2) y (3).
Por caso, quien escribe estas líneas ha sido pasible de innumerables inspecciones de diversa índole, especialmente impositivas. De más está decir que jamás se ha detectado irregularidad de mi parte en alguna en esas visitas: no sólo soy uno de los mayores aportantes autónomos de la AFIP, sino que pago todos mis impuestos en tiempo y forma. Asimismo, carezco de CDs "truchos" y todos los programas que tengo en mis computadoras son originales.
Sin embargo, el hostigamiento nunca cesa. En las últimas semanas he sufrido la intrusión en mi domicilio de personajes que se llevaron elementos personales de mi trabajo profesional y me han destrozado algunos elementos de mi labor cotidiana, lo cual me ha llevado a emigrar por un tiempo fuera de la Argentina, desde donde he intentado seguir con mi trabajo profesional con gran dificultad.
Ahora, a la sumatoria de hechos irregulares, en los últimos días se ha sumado una persecución implacable contra uno de los colegas de Tribuna de periodistas, Juan José Luis Gil, autor de inteligentes columnas de análisis que dejan al descubierto muchas de las contradicciones del kirchnerismo. Son artículos irrefutables que han provocado más de una queja por parte de funcionarios oficiales.
El 5 de octubre pasado, Juan José fue detenido en horas de la mañana por Policía de Seguridad Aeroportuaria (PSA), la cual se trasladó de Buenos Aires a Reconquista —lugar de residencia del colega— a efectos de allanar su domicilio, en una causa judicial por supuestas "amenazas por mail" (¡!). Lo interesante del caso, es que yo mismo he radicado varias denuncias por amenazas contra mi persona, con profusa evidencia de quiénes me persiguen, y jamás he logrado que la Justicia siquiera llamara a declarar a los que me hostigan.
Volviendo al tema, hace unas horas, uno de los hijos de Juan José se contactó conmigo y me refirió una serie de cuestiones más que elocuentes:
"El autor de la denuncia por amenazas declaró ante los medios locales que denunció a mi padre porque de sus artículos publicados en periódico Tribuna dedujo que el podía ser el autor de los mails. Entonces, nosotros sabemos dos cosas: primero la inocencia de mi padre, y segundo, que él está preso por el delito de haber escrito en contra del gobierno.
Cuando vinieron a allanar, mi madre se encontraba trabajando y mi padre realizando unos trámites bancarios, por lo que la policía aeroportuaria irrumpió en el hogar forzando la puerta de la calle con una barreta y luego destrozando la puerta y paredes de la segunda puerta de la casa de mis padres. Se llevaron las computadoras, papele
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