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Si algo nos caracteriza a los argentinos
es la memoria corta ¿Qué digo?, inexistente y super cortoplacista. Esa
particular forma de digerir los acontecimientos y los culpables de que ellos
sucedan, nos hacen volubles y boludos, al momento de tropezarnos con las caras
fracasadas que otrora nos sumieron en los más inexplicables sufrimientos. El
arco opositor quiere arrebatarle a Kirchner el poder pero en vez de innovar,
reincide. Los espectros del viejo y eterno fracaso argentino asoman
sonrientes entre bambalinas para ver cómo se acomodan y lo peor, la sociedad y
los medios no los castigan como se merecen, con la indiferencia.
Adelina de Viola y Aldo Rico surgieron otra vez con la pátina
indecente de la cara cementada que nos les permite ruborizarse por lo que
fueron, lo poco que significaron políticamente cuando lograron el pináculo de su
fama o lo mal que gestionaron cuando les tocó acariciar la ansiada caja pública
que después nunca más quisieron largar.
El golpista resurgió mezclado con las huestes del progresista
ex presidente que tiene tanto de progresista como Rico de demócrata. Sentado a
la diestra (y siniestra) de un Kirchner en declive pero no quebrado, el
aporteñado militar de estrellas herrumbradas que probó las mieles de la
democracia y no quiso volver más a los cuarteles, dijo, para vanagloriarse y de
paso lograr un titular en los diarios, que Kirchner hizo lo que él proponía.
Ahora ¿es kirchnerista o Kirchner es riquista?, vaya a saber.
Kirchner y Cía que luchan denodadamente contra los que
ofenden a la democracia que ellos dicen sostener, nos empachan de machismo
barato y olvidando por un rato a los derechos humanos acunan al militar doble
faz que pone los huevos (no los suyos obviamente) en la canasta que mejor
cotiza, sea ésta Duahlde, Menem, Kirchner o el que aparezca.
Adelina, pobre Adelina, con su glamour de joven madura en los
90 supo ganar un público masculino que, proclive al poder envasado en una cabeza
inteligente, un rostro donde el tiempo hizo mella pero no tanto como para
quitarle su encanto natural y un cuerpo oculto en caros ropajes, desgranó
sensualidad y cosechó simpatías que se perdieron al poco andar entre los
salsipuedes de su partido agónico hasta que desapareció, ella y su partido.
Claro, eso fue en los 90, ahora vemos…
Como si esto fuera poco Lilita Carrió, punzante y estruendosa
como siempre le puso la tapa a la corporación K mediante una denuncia que poco
futuro tiene, pero que indudablemente marca un antes y un después en el poder K.
Y como todos sabemos, la impunidad es sensible en proporcionalidad al poder
que se tenga en cada momento de la historia y es observable que el
matrimonio presidencial está en pérdida y que cada día le cuesta (y le costará)
mucho más, en dinero, sostenerlo.
Y lo que está pasando es casi una reedición sin vueltas de la
Alianza, esto del acercamiento con la UCR que por ganar se junta con cualquiera
o desempolva operadores inconfesos como Nosiglia, Storani o Moreau a quienes hay
que darles un tiempito para que asomen la nariz; mientras que hablando de
cualquiera, me causó estupor cuando ví al "abuldosado" López Murphy sentirse
eufórico porque sus teorías destructoras de la clase media logran renacer ante
tanta carestía e improvisación por parte de los que están, que no saben para
dónde ir y los que quieren agarrar la manija, pero no saben bien para qué.
Sin embargo no es menor el salpullido que me sale cuando
escucho hablar por cuanto canal haya en el eter a la inefable Patricia
Bulrich; la piba que supo saltar como la mosca alternativamente de la caca al
dulce de leche y que constituye (a mi humilde entender) otro remedo de este
cambalache que se propone para ganarle al matrimonio gobernante.
Esta semana se le terminó el curro al inconfeso Chacho y
parece que le cortaron las alas al frente del organismo que Kirchner le inventó
a Duhalde para sacárselo de encima y que al ex vice-presidente le rindió enormes
frutos en estos últimos años de solaz y esparcimiento pagados por todos los
argentinos y el conglomerado de países sudamericanos que no sabían bien para qué
funcionaba a un costo de lujo, un estamento internacional inútil, vacuo, nacido
de la necesidad de adornar con miles de dólares al mes los favores políticos que
supieron conseguir en campaña.
¿Será la pérdida del cómodo puestito que tenía Chacho,
la oportunidad de pedirle conchabo a los Kirchner en alguna cartera nacional?,
total… de ética, valores y convicciones políticas, quién habla ya?.
Falta quizás, la Meijide que asome por allí blandiendo la
mística del retorno y por qué no Pontaquarto que se nutrió de la tele
denunciándose como maletero del delaurrismo estúpido y sacando chapa de héroe
bizarro, pero héroe al fin.
Si el mundo (argentino) está tan mezclado, donde ya no se
puede distinguir entre buenos y malos, entre nenes y nenas, entre corruptos y
honestos, leales y garrocheros, es posible entonces que podamos tropezar otra
vez con las misma piedra, porque en definitiva de eso se trata el ser argentino:
creer que los vivos que alguna vez nos mintieron a sangre fría vendiéndonos que
eran San Martín, no tuvieron mala fe y que a los hijos de puta que vivieron
mintiéndonos, emabucándonos y metiéndonos la mano al bolsillo, se les debe dar
otra oportunidad.
Rubén Lasagno
OPI Santa Cruz
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