19 / 02 / 2007
Politica
ANÍBAL FERNÁNDEZ, MI PASADO ME CONDENA
LOS OCULTOS ANTECEDENTES DEL NUEVO JEFE DE GABINETE
El contador Aníbal Fernández llegó
en diciembre de 1991 a la municipalidad de Quilmes con promesas de alto vuelo
poético: - La justicia estará omnipresente en cada acción de gobierno. (..)
Vamos a poner las bases de un municipio
austero y eficaz, que sirva de marco para un distrito dedicado a la producción y
el trabajo. (..) Y se detectará a toda persona que haga negocios con los dineros
públicos.
Cuatro años después se retiró por la puerta de atrás del edificio municipal.
Lo dejó con una deuda de 11 millones de dólares, un déficit de 1.400.000, un
incremento en los tributos del 40 por ciento, y apenas 200 mil dólares en
la cuenta bancaria, según el balance que hizo su sucesor (justicialista como
él).
Pero Aníbal también cargó con una deuda moral: "No puedo demostrar a la gente que las denuncias
judiciales son falsas", reconoció
públicamente al explicar el tipo de impedimento que lo frustró de un nuevo
período en la intendencia.
Nunca se sabrá si los fueros que le otorgó su banca fueron la razón de su
libertad ambulatoria. Pero esas denuncias que no pudo desmentir lo pusieron
en fuga de la Justicia.

Y lo convirtieron en un impresentable.
Fernández y Carpinetti, más allá de sus diferencias futbolísticas —hincha de Quilmes el primero y de Boca el segundo—, no tienen perfiles antagónicos. Los
iguala una trayectoria pública sembrada de escándalos.
Sin embargo, no recibieron la misma medicina partidaria. Aníbal llegó a
la municipalidad de Quilmes —embanderado bajo el verde y rojo de la Liga
Federal— de la mano de Angel Abasto. Y Abasto llegó a su banca de diputado
nacional de la mano del gobernador. Ambos recibieron los beneficios de los
fueros cuando su conducta los puso en la mira de la Justicia.
Un diputado consultado por ésta investigación le puso cifras al
affaire que
involucró a Abasto cuando fue secretario administrivo de la Cámara de
Senadores de la Nación: "De dos a
tres millones de dólares. No bajó de esa cifra".
En esos días —1991— el presidente de la Cámara alta era el vicepresidente de
la Nación, Eduardo Duhalde. Abasto uno de sus operadores. Y el
affaire casi
una vulgaridad: se montó una red de venta de pasajes
truchos
desde el Senado.
- Tomó tal envergadura que desde Bariloche directamente consultaban
las agencias de
turismo. Derivó en un sumario administrativo que
nunca supe en qué terminó. Y en pleno proceso el tipo apareció en la lista
de diputados. Para los que conocíamos el tema realmente nos llamó la
atención...
Pueblo chico
Abasto como máximo referente local de la Liga Federal y Fernández como
intendente convirtieron a Quilmes en un infierno de denuncias. Hubo escenas
del más puro grotesco: En octubre de 1994 la bonaerense allanó
Estadio Chico.
El local fue en sus días de gloria uno de los escenarios que tuvo el rock
nacional en el sur del conurbano. En los noventa cayó en la agonía. Hubo un
pase de manos. Y hubo también un cambió de rubro.
En el procedimiento, la ley
secuestró medio kilo de cocaína de
mediana pureza, una balanza de precisión y elementos para el
fraccionamiento. La mercadería estaba ordenada en pequeñas bolsas
plásticas. Tenían una etiqueta que indicaba el destinatario: bares y colegios
secundarios de la zona.
Lo incautado —estimaron los investigadores— fue nada más que
la diaria.
La sustancia y la balanza fueron encontradas entre miles de boletas
-de la
reforma
constitucional de la provincia-, por el Si, sobrantes de la consulta popular que
se había realizado el 2 de octubre de ese año.
Estadio Chico
llevaba tres años como local de la Liga Federal.
Una apretada síntesis de los escándalos que estallaron durante la gestión de
Fernández
daría el siguiente resultado: alquiló por 36 meses las instalaciones de una
vieja clinica para destinarlas a los Tribunales a un precio similar al de
su compra -$ 792.000-; impulsó y obtuvo el nombramiento como juez del
último intendente de Quilmes durante la dictadura militar; contrató los
servicios de una empresa que entregaba comida con materia fecal a los
empleados del área de salud del municipio. Cuando se descubrió el condimento de
las viandas no suspendió el contrato; pagó 720 mil dólares anuales en la
telefonía celular del municipio, el doble de lo destinado a Acción Social y
la mitad de presupuesto de Salud; a uno de los directores técnicos del club
Quilmes, incluso, le cedió un Movicón
—411 0821— de la intendencia; citó a
cien mil contribuyentes -entre ellos jubilados, exentos, entidades de bien
público e incluso vecinos con las cuentas al día-, para que demuestren que no
mantenían deudas con la comuna; privatizó de modo ilegal la cobranza de deudas
municipales. Los estudios beneficiados iniciaron 12 mil juicios de apremio y en
muchos casos los honorarios superaban la deuda. Etcétera.
De ese raíd —cuando un funcionario judicial tocó a su puerta— Aníbal pasó a
la clandestinidad. Pidió
garantías desde
su quinta en Florencio Varela, donde pasó el breve exilio interno.

Pedido judicial de detención
de Aníbal Fernández (aportado por diario Perfil)
Y se
entregó a la Justicia: "Vengo para dar la cara —aseguró en su reaparición pública—.
No estoy arrepentido porque lo
que llevamos
adelante fue una propuesta honesta de trabajo. Puede haber habido algún
error administrativo, como sucede en las mejores familias.
Las garantías
solicitadas tuvieron formato de banca legislativa.
Para incluirlo en la lista de
candidatos en las elecciones de 1995 el gobernador debió rediseñar la ingeniería
de repartos. Se bajó a la candidata femenina —casualmente era la secretaria
de Abasto— que ocupaba el quinto puesto, y se la incluyó en la lista de
diputados provinciales. Pero de representar a los ciudadanos de Quilmes —donde vivía— en el Senado, la mujer pasó a ocuparse de la represenatividad
como diputada de los vecinos de Chacabuco, donde nació y un día se marchó
para no volver.
Tras las elecciones, el primer uso que hizo Aníbal de sus fueros como
senador electo, fue negarse a declarar ante el juez Ariel Gonzáles Elicabe,
en el proceso que se le inició por transferir sin licitación la Dirección
de Servicios Sanitarios a Aguas Argentinas. No recibieron la misma medicina
partidaria.
Carpinetti fue expulsado sin miramientos. Aníbal encontró cobijo
parlamentario e, incluso,
escaló luego hasta una subsecretaría de Gabinete. El secreto estuvo en la
reserva.
Y en la lealtad.
Daniel Otero
Autor libro
El entorno