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No es sencillo hablar de lo que sucede en
Medio Oriente en estos momentos sin generar algún tipo de polémica. Los medios
locales han tratado de analizar la invasión de Israel de manera cautelosa y
tratando de no herir susceptibilidades de ningún tipo.
Esto los ha llevado a afirmar cosas infundadas y otras que no
son reales, tales como que la embestida israelí en realidad está enmarcada en
una "guerra" contra el Líbano. No es verdad, esto está lejos de ser
una contienda, sólo es una masacre de un país contra otro.
Algunos otros periodistas han tomado posiciones extremas y
unos pocos -por suerte- han asegurado reales disparates. En el medio de todo
ello, ha vuelto a reinar la confusión y han renacido viejos prejuicios.
Para poder hablar de este tema con honestidad y objetividad
hay que analizar todo despojándose de ciertos preconceptos. Para empezar, no
está bien que las críticas hacia la actitud de Israel sean vistas como
manifestaciones "antisemitas". Si el mismo ataque que hace este
país hubiera sido hecho por cualquier otro, las críticas no cesarían en
ningún lugar del mundo. Si el lugar de Israel en las primeras planas lo
ocupara Irán, Estados Unidos ya estaría tomando cartas en el asunto contra ese
país, no hay dudas de ello.
Pero como se trata de su "socio" en Medio Oriente
-al que le son destinados varios miles de millones de dólares al año- George
Bush avala -y hasta defiende- lo hecho por los israelíes. Todo sea en pos de
hacernos creer que se ataca al terrorismo de Hezbollá.
Ahora, si esto fuera real ¿No es desproporcionado atacar
a una hormiga con una bomba?
Nadie cuestiona que el grupo Hezbollá debe ser atacado y
destruido por sus incesantes acciones terroristas, pero ¿Eso justifica que
Israel destruya un país por completo para lograrlo, atacando inclusive blancos
civiles?
A esta altura ya hay casi 350 libaneses muertos, la mayoría
de ellos no combatientes. Nada justifica esto y menos aún cuando se miente a la
población. El Gobierno israelí asegura que todos los ataques han sido contra
guerrilleros y no se ha herido a ningún civil. Es una imperdonable mentira.
Lo mismo sucede con los supuestos objetivos que se persiguen.
Si bien se asegura que se quiere destruir a los "enemigos de siempre",
parte de la estrategia israelí tiene que ver con el dominio del sur libanense.
Recordemos que en el año 1982 Israel ya intentó avanzar
sobre el Líbano y no pudo lograr el éxito esperado. En esa embestida ocasionó 18.000 muertos y 30.000 heridos, en su mayoría
también civiles.
Aquella vez -el 6 de junio de 1982- Israel invadió el Líbano utilizando como excusa la tentativa de asesinato de su embajador en Londres dos días antes. En realidad,
esta invasión, bautizada "Paz para Galilea", había sido preparada con mucha antelación por el gobierno israelí
y buscaba -entre otras cosas- adueñarse del control del valle de Bekaa, zona
ubicada en el sur del Líbano y tapizada de cultivos de amapola de opio. Desde hace años, los investigadores
han identificado este lugar como principal fuente, tanto de hashish como de la heroína
que circula a través de Siria y Estambul para terminar en Europa Occidental.
El cultivo de drogas en el valle de Bekaa -que separa la cordillera del Antilíbano-
ha sido una de las principales fuentes de ingreso para varias actividades como el terrorismo
para países como Siria e Irán.
Hoy, más de 20 años más tarde, Israel busca nuevamente
adueñarse de esa región del Líbano. Allí, de hecho, ha dirigido sus últimos
ataques.
Según un cable de la agencia de noticias internacional Reuters
emitido el 21 de julio pasado, "El sur del Líbano ha sufrido lo peor del bombardeo de
Israel (y) está enfrentándose a una escasez energética que se extiende hasta el Valle de Bekaa, otra región que es blanco de los bombardeos israelíes".
No desconoce el Gobierno de Estados Unidos esta situación y
no le preocupa en lo más mínimo a pesar de su contínua prédica contra las
drogas. Hasta la fecha, el control del tráfico de estupefacientes en el sur
libanense ha estado en manos de Siria y nadie hizo nada por detenerlo.
La situación es tan escandalosa que periodistas de la talla
del extinto Jacobo Timerman denunciaron oportunamente que ese país sobrevivía
económicamente sólo gracias a la venta de drogas.
Por eso, lo que se busca en estas horas es
"escamotear" el dominio del Valle de Bekaa a Siria. Es la pura verdad.
Mentiras que matan
Aunque todo parece estar claro respecto a quiénes son
enemigos o amigos de Israel (y eventualmente de EEUU), existen negocios en
conjunto y sociedades transitorias que no permiten actuar de manera terminante a
uno u otro bando.
Por caso, los sirios han sido "socios" de los
israelíes en venta de armas y drogas, aún cuando Israel embista verbalmente
contra Siria en las últimas horas. De la misma manera, Siria se ha asociado
con Irán en otro tipo de negocios ilícitos. De esta manera, nadie se anima a
avanzar de manera concluyente a sabiendas de que muchos secretos pueden salir a
la luz en medio de una embestida de "carácter transitivo".
Es la hipocresía de este mundo, donde algunos países poseen
privilegios que otros jamás soñarían y donde a ciertos Estados se les permite
involucrarse en negocios incompatibles con la más mínima ética.
En ese mismo contexto, he visto esta semana los comentarios
más imbéciles y las discusiones más infructuosas respecto a la
responsabilidad de la "colectividad judía" en lo que sucede. De la
misma manera, he podido leer con vergüenza ajena cómo se ha confundido la
palabra "judío" con "israelí".
No puede culparse a una colectividad entera por la locura
desatada por un grupo de delincuentes que eventualmente ocupan el poder de un
país de Medio Oriente. Tampoco puede culparse a aquellos ciudadanos que viven
en Israel y que condenan lo que su país hace contra el Líbano.
Pude ver hace unos días un debate en un programa de cable
donde un ciudadano judío criticaba lo hecho por Israel y trataba de ponerse de
acuerdo con sus interlocutores. Jamás lo logró y sólo consiguió que lo
acusaran como si hubiera sido el responsable de dar la orden de invadir el
Líbano. Obviamente, tenía el lamentable estigma de ser judío.
Sus mismas palabras en boca de cualquier cristiano hubieran
sido brillantes, no lo dudo. Su argumentación fue excelente y clarificó
detalles de la locura asesina de quienes invaden ahora el Líbano. Pero no
dejaba de ser judío.
Solemos generalizar en nuestros conceptos y eso nos llena de
prejuicios. Creemos que los judíos son ventajeros, que los gallegos son idiotas
y los gitanos son mentirosos. Lo más graciosos es que todo lo vemos desde un
supuesto pedestal de excelencia humana.
Eso no nos permite entender la real magnitud de las cosas y
nos hace cometer errores al analizar situaciones como las que suceden hoy en
Medio Oriente.
Condenemos con todas nuestras fuerzas al gobierno israelí
y hagamos campaña contra el terrorismo que ellos ejercen contra sus vecinos.
Critiquemos el apoyo de EEUU a esta locura y denunciemos la inacción de algunos
poderosos países de nuestro planeta.
Pero no inventemos chivos expiatorios que son tan
víctimas como nosotros de la locura de un grupo de delincuentes poderosos que
ocupan temporalmente el gobierno de un país.
Christian Sanz
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