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En el día de la fecha, diario La
Nación hace mención de un informe policial según el cual a Lourdes Di Natale la
habrían matado empujándola por la ventana. En el artículo mencionado, se
comenta que "la ex secretaria de Emir Yoma murió tras caer por una ventana de un décimo piso
'porque fue empujada', señala el informe oficial de la Policía Federal incorporado a la investigación hace pocos días.
El informe lo firma el subinspector Elías Iaconangelo, de la División Balística de la Policía Federal, y se elaboró con los datos de la reconstrucción realizada el 15 de marzo último con un muñeco que fue arrojado desde una ventana del departamento de Di Natale, en el décimo piso de la calle
Mansilla".
Lo antedicho coincide con lo investigado por este periodista
desde hace años, lo cual fue publicado oportunamente en no menos de media
docena de artículos.
Recordemos algo de lo que se afirmó en este periódico en
Agosto de 2004 (1).
...
Lourdes siempre tuvo miedo. Es como si esa condición fuera
innata a su persona y eso podía comprobarse en cada uno de sus elocuentes
gestos cotidianos.
La lógica macabra del peso de sus denuncias no podían
provocar otra sensación en ella que no fuera pánico.
Recordemos que las declaraciones de Lourdes Di Natale han sido
claves en el caso del contrabando de armas a Ecuador y Croacia. Su declaración
de casi 50 carillas permitió que fueran encarcelados el ex presidente Carlos
Menem y Emir Yoma, entre otros.
La última vez que hablé con ella su voz temblaba
intermitentemente y sus miedos se hacían evidentes en cada una de las palabras
que pronunciaba.
En esa oportunidad me habló de la famosa carpeta que
guardaba bajo siete llaves. Fue en el marco de una conversación en la que le
pregunté si tenía miedo por las cosas que estaba ventilando. “Si me llega
a pasar algo, guardo una carpeta naranja que está en una escribanía y
donde hay mucho más que lo que conté públicamente”, disparó Lourdes
ante el silencio inevitable provocado por mi asombro.
La confirmación de la existencia de dicho documento me llegó
de mano de una amiga intima de Lourdes, quien me aseguró que a ésta la
amenazaban constantemente. “Se había metido en un camino sin
salida”.
Di Natale tenía un conocimiento tan acabado de la causa armas
y sus detalles financieros, que el juez en lo penal Económico Julio Speroni le
había pedido que declarara en su juzgado. Pero dos semanas antes de la cita, la
testigo estrella cayó por el balcón de su departamento.
Lourdes sabía lo que nadie: cómo había sido el reparto del
dinero producido por la venta de armas y quiénes se habían quedado con los “porcentajes
de intermediación”.
Obviamente, su muerte era cuestión de horas.
¿Succinilcolina?
La segunda muerte de Lourdes se dio cuando el juez
Ricardo Farías determinó el archivo de la causa que investigaba su muerte y
determinó que se trató de un “lamentable accidente”, provocado por el
nivel de alcohol que tenía en su cuerpo.
Ese mismo punto –el del alcohol- es el que Farías debió
tener en cuenta antes de archivar el expediente.
Y es que, según el análisis de sangre que se efectuara
sobre el cuerpo de Lourdes, la cantidad de alcohol que se encontró es de 3.1
gr., equivalente a casi una botella de whisky.
Según los entendidos en la materia, si Lourdes tenía
realmente tal graduación de alcohol, su estado, antes de caer por la ventana,
tendría que haber sido de “inconsciencia pre–comatosa”.
En el libro Tratado de medicina legal de Bonet se explica
que 3.1 gr. de alcohol en la sangre corresponde a 950 CM3 de una botella de
whisky de graduación “43”.
Para volver la situación aún más sospechosa, en la casa de
Lourdes Di Natale nunca se encontró alcohol de ningún tipo, sólo una botella
de limonada.
Este dato debería ser clave, ya que no es improbable que le
“introdujeran” alcohol contra su voluntad, ya sea inyectándoselo
intravenosamente o a través de una enema.
Si esto fuera así, el cuchillo Tramontina que apareció
en el departamento pudo haber sido usado por Lourdes para defenderse y así se
explicaría el desorden del lugar.
Hace un par de meses, este periodista se encontró en un
local de comidas rápidas con un agente de inteligencia de la Policía Federal,
en el marco de una investigación sobre los oscuros manejos de la Secretaría
de Inteligencia del Estado (SIDE).
En un tramo del diálogo con el espía, se deslizó una palabra que
cambiaría radicalmente mi visión sobre el tema de las muertes irresueltas: “Succinilcolina”.
Según mi nervioso interlocutor, muchas de los decesos no esclarecidos de los últimos
años están relacionados a esa maldita palabra.
La succinilcolina, según pude saber posteriormente, es una droga
que relaja los músculos de la persona a la que se le inyecta y es casi
indetectable en la sangre.
“A Lourdes Di Natale, al igual que a Marcelo Cattáneo en su
momento, la mataron inyectándole esa droga. Cuando quedó inconsciente, la
arrojaron por la ventana”, me aseguró en ese momento la muy confiable
fuente, agregando que “las personas que lo hicieron están íntimamente
relacionadas con la Policía Federal”.
Recordé entonces el caso de Marcelo Cattáneo, quien apareció
ahorcado con una nota en su boca y sin signos físicos de haber opuesto
resistencia a su muerte. Cattáneo era hermano del testigo más importante de la
causa IBM-Banco Nación y su deceso siempre fue considerado un suicidio.
Los sospechosos de siempre
A la hora de averiguar quién pudo estar detrás de la muerte
de Lourdes, debemos preguntarnos a quién beneficiaría su desaparición.
No olvidemos que poco antes de caer por la ventana de su
casa, Lourdes
había dejado en una escribanía un manuscrito dando instrucciones precisas en
caso de que a ella le pasara algo. El
contenido de la mencionada misiva refiere, entre otros, a los nombres de Monzer
Al Kassar, Alfredo Yabrán, Carlos Saúl Menem y Emir Yoma, y asegura algo
muy sugestivo: “pienso que las personas
antes mencionadas pueden verse beneficiadas con mi desaparición, o pueden
intentar perjudicar con igual fin a mis seres queridos”.
De las personas nombradas, podemos descartar a dos: Menem y
Yabrán: al primero porque era el más sospechoso de que a Lourdes le pasara
algo y su muerte complicó su campaña electoral; al segundo porque no estaba
vivo al momento de perecer Lourdes.
Teniendo en cuenta la información que manejaba Di Natale, no
es difícil sospechar a quiénes benefició su muerte. En un reportaje aseguró
que tenía “pruebas de muchas cosas.
Declaré ante el juez Urso en la causa de la explosión de la Fábrica Militar
de Río Tercero, de la venta ilegal de armas, de la coima. No solamente hablé
de Monzer Al Kassar, que lo conocí, sino que tengo pruebas contra la Corte
Suprema, pues yo me comunicaba personalmente con (Julio) Nazareno
y Adolfo Vázquez (...) De todo lo que dije, no me desdije. Por eso, soy
molesta”.
La pista Monzer
El 28 de septiembre de 1992 un ciudadano llamado Ismail Khalil El
Kchoure murió en extrañas circunstancias al "caerse accidentalmente"
desde el cuarto piso de un edificio de Marbella. Días más tarde debía
declarar contra su ex jefe, el
traficante sirio de armas y drogas Monzer
Al Kassar. La autopsia determinó que El Kchoure estaba en coma etílico
desde por lo menos dos horas antes de que su cuerpo se precipitara al vacío.
Las coincidencias entre la muerte de este testigo y la de Lourdes
Di Natale, no dejan de llamar la atención: al igual que en el caso de El
Kchoure, Di Natale tenía gran cantidad de alcohol en su organismo.
En tal sentido, no parece casual que ambos hayan sido
testigos estrella contra Monzer Al Kassar. Ismail
Khalil El Kchoure había trabajado para el sirio y murió antes de poder
declarar contra su ex jefe en el juicio que estaba a punto de comenzar en la Audiencia
Nacional de Madrid. Por su parte, Lourdes Di Natale fue la primera persona
que denunció los vínculos –y negocios- de Al Kassar con Emir Yoma y el
entorno de Carlos Menem.
Oportunamente, Lourdes declaró ante el juez Jorge Urso que Al
Kassar visitaba a Yoma en sus oficinas y que regaló a Emir y a varios de
sus hermanos -como Karim y Zulema- ametralladoras conteniendo sendas placas con
el nombre de cada destinatario.
No está de más recordar que el comienzo de la venta ilegal
de armas argentinas a Croacia coincidió con la presencia en nuestro país de Al
Kassar, quien en enero de 1991 comenzó a tramitar su ciudadanía argentina con
el apoyo del gobierno de Menem. La justicia suiza, por su parte, decomisó
dinero del traficante sirio proveniente de ventas de armas que realizó a
Croacia desde Europa.
Como broche de oro, quien escribe estas líneas escuchó de boca de
una de las secretarias del abogado de Lourdes Di Natale –Rodolfo Chimeri
Sorrentino- que en el departamento de la fallecida se halló el pasaporte de Al
Kassar.
Más coincidencias
Por
si todo lo antedicho fuera poco, Lourdes Di Natale ha sido esposa de Mariano Cúneo
Libarona, quien en 1991 defendió a Amira Yoma en la causa del Yomagate,
cuando se descubrió una red de personas que contrabandeaba valijas Samsonite
repletas de narcodólares.
Al Kassar, por su parte, ha sido uno de los que más ha
insistido ante el Gobierno argentino para que la ex secretaria de audiencias
–Amira- fuera desvinculada del caso. De hecho, durante un juicio celebrado en
1995, el propio sirio acusó –falsamente- al juez Baltasar Garzón de haberle
pedido 30 millones de dólares para dejarlo en libertad y no perseguir
judicialmente a Amira.
Cúneo Libarona, ha sido también abogado de Emir Yoma, en
ese entonces jefe de Lourdes Di Natale. Fue en ese contexto que el abogado
conoció a esta última.
Las coincidencias se entrelazan como eslabones de una cadena
siniestra que no tiene fin. Y lo peor es que aparenta desencadenar nuevos
decesos a futuro.
Esos decesos que siempre son transvestidos como
“suicidios” dentro del mundillo de las infaltables “casualidades
permanentes”.
Preguntas sin respuestas
El periodismo en general abre interrogantes y muy pocas veces
los devela. Tal vez en ese sentido tendríamos que cuestionarnos algunas
obviedades para intentar entender si la muerte de Lourdes Di Natale fue un
atentado o un accidente:
-¿Cómo pudo Lourdes arrojarse por una ventana con tal nivel
de alcohol en la sangre?
-¿Por qué durante
el allanamiento a su departamento hubo tantas personas trabajando sin guantes
que pudieron borrar posibles huellas?
-¿Por qué no se
cruzaron las llamadas hechas y recibidas por el celular de Lourdes, del que
nunca se desprendía y que desapareció de la escena del crimen?
-¿Por qué había micrófonos en su departamento?
-¿Por qué no se resguardaron las evidencias durante la
instrucción de la causa?
-¿Por qué faltaron cosas en el departamento de Lourdes
después de su muerte?
-¿Por qué su familia ocultó que había sido amenazada?
-¿Por qué en estos últimos días los medios más
importantes comenzaron a presionar a sus periodistas para que no se publique
nada sobre el archivo de la causa?
-¿Por qué están siendo amenazados algunos de los que
intentan investigar este tema?
-¿Por qué el padre de Lourdes nunca quiso firmarle el
“poder de representación” a su abogado?
No tengo las respuestas
a estas preguntas, pero el mero sentido común y la inequívoca ley de
probabilidades nos demuestra que no pueden darse tantas casualidades juntas.
Menos aún en un caso que roza a personajes tan importantes
de la mafia y la política vernáculos.
En el simplismo más extremo, Lourdes
no es más que otro testigo desaparecido que podía declarar contra Al Kassar y
otros impresentables.
En la complejidad más obvia, Lourdes era la persona que
guardaba los secretos más importantes de una causa que sólo podía terminar de
ser develada por ella.
Christian Sanz
(1) Ver http://www.periodicotribuna.com.ar/Articulo.asp?Articulo=890
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